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El aumento de los precios de los combustibles y la menor disponibilidad de energía han comenzado a generar protestas y tensiones en distintos países, en medio de un repunte del precio del petróleo y de las dificultades en el suministro internacional provocadas por el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
En Siria, el incremento de los precios del combustible provocó manifestaciones durante el fin de semana, consideradas entre las protestas más extendidas registradas en el país desde el derrocamiento de Bashar al-Assad. Los inconformes bloquearon carreteras y quemaron neumáticos después de que el gobierno aumentara 40 por ciento el precio del diésel, hasta alcanzar las 175 libras sirias, alrededor de 1.32 dólares por litro.
La presión también se ha hecho visible en otros países. En Portugal, conductores organizaron protestas en las que circularon lentamente por distintas carreteras mientras hacían sonar sus bocinas, luego de que el precio del diésel alcanzara niveles récord. Las movilizaciones provocaron afectaciones viales en algunas de las principales vías del país, incluido el puente 25 de Abril, en Lisboa.

En Guatemala y otras naciones también se han registrado manifestaciones relacionadas con el encarecimiento de los combustibles. El impacto es particularmente relevante en países que dependen de las importaciones de energía y que tienen una exposición importante a los cambios en los precios internacionales del petróleo.
Bangladesh enfrenta una situación especialmente complicada debido a que importa más de 90 por ciento del petróleo que consume, con una parte importante proveniente de Medio Oriente. La escasez de gas natural licuado, utilizado para generar electricidad, ha provocado racionamiento energético y cierres temporales en fábricas textiles, una de las principales actividades económicas del país.
En Indonesia también se han reportado problemas de suministro. En Makassar, residentes denunciaron escasez de gas para cocinar, cortes de electricidad y racionamiento de gasolina. Conductores tuvieron que empujar motocicletas con los tanques vacíos o permanecer durante largos periodos en filas frente a estaciones de servicio sin combustible.
Las dificultades también alcanzaron a los sectores que dependen directamente del diésel. En la bahía de Manila, Filipinas, pescadores que utilizan embarcaciones con motores de diésel o gas enfrentaron dificultades para regresar a sus actividades después de varias semanas de lluvias monzónicas, debido al incremento en el costo y las dificultades para conseguir combustible.
En Yogyakarta, Indonesia, estudiantes se manifestaron contra el aumento de los precios de los combustibles. La protesta fue posteriormente disuelta por organizaciones progubernamentales, en un contexto de creciente tensión por el impacto de la crisis energética en la población.
La presión sobre el suministro internacional también ha sido reflejada por organismos especializados. De acuerdo con un informe de la Agencia Internacional de Energía, las exportaciones netas de diésel y gasóleo de los países del Golfo durante agosto se ubicaron en poco más de una cuarta parte del nivel registrado antes del inicio de la guerra contra Irán en febrero.
El problema no se limita al precio del petróleo. La reducción de los suministros de combustible amenaza con afectar cadenas de transporte, producción industrial y actividades económicas que dependen del diésel, mientras los países buscan alternativas para mantener el abasto.
En Estados Unidos, el incremento de los precios también comenzó a generar preocupación. El diésel superó los seis dólares por galón en promedio, de acuerdo con los datos citados en los reportes sobre la situación energética, mientras el gobierno estadounidense enfrenta presiones relacionadas con la disponibilidad del combustible.
El presidente Donald Trump pidió al mandatario ucraniano Volodímir Zelenski detener los ataques contra refinerías y otras instalaciones petroleras rusas, al considerar que estas acciones están contribuyendo a reducir la oferta mundial de diésel.
Ucrania ha llevado a cabo durante meses ataques de largo alcance contra instalaciones de la industria petrolera y gasística de Rusia. Estas acciones han provocado medidas de racionamiento dentro del territorio ruso y llevaron a Moscú a restringir las exportaciones de diésel, reduciendo todavía más la oferta disponible en un mercado internacional que ya enfrenta dificultades.
Trump sostuvo que existen otros objetivos que Ucrania podría atacar y pidió evitar las instalaciones relacionadas con la producción y distribución de diésel. El mandatario estadounidense afirmó que la interrupción del suministro ruso termina afectando a consumidores de otros países.
A este escenario se suma la reducción de los envíos de petróleo a través del Estrecho de Ormuz como consecuencia del conflicto con Irán, una de las principales rutas para el transporte mundial de hidrocarburos.



