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Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron este miércoles el “Acuerdo 123” de cooperación nuclear con fines pacíficos, un pacto histórico de miles de millones de dólares que busca sentar las bases para el desarrollo de una industria energética en territorio saudí con acompañamiento tecnológico estadounidense.
El acuerdo fue suscrito en Washington por el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, junto con un acuerdo bilateral de salvaguardias. Según la Casa Blanca, la alianza estratégica impulsa objetivos económicos prioritarios y de no proliferación, contemplando que empresas estadounidenses —como Westinghouse Electric Company— gestionen futuras centrales nucleares en el reino, que actualmente depende en su mayoría de gas natural y petróleo.
Preocupaciones por proliferación y reacciones encontradas
Pese a que el secretario Wright aseguró que el pacto cumple con los más altos estándares de seguridad y tecnología internacional, el anuncio desató una intensa controversia política y temores sobre una potencial carrera armamentista en Medio Oriente. Expertas como Rosemary Kelanic advirtieron sobre el impacto de permitir el enriquecimiento de uranio, señalando que representa un precedente inédito para Washington en la región.
Las posturas internacionales y legislativas se dividieron de inmediato:
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En Israel: El ministro de Economía, Nir Barkat, manifestó que su país podría manejar el proyecto si se mantiene estrictamente con fines pacíficos bajo la supervisión de EE. UU. Sin embargo, el exministro de Defensa Avigdor Liberman advirtió en redes sociales que el programa civil derivará inevitablemente en armas nucleares y en una “loca carrera armamentista”.
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En el Congreso de EE. UU.: Legisladores demócratas como Brad Sherman y John Garamendi criticaron duramente el pacto, calificándolo de “política terrible” que podría facilitar la proliferación atómica a cambio de beneficios comerciales. En contraste, sectores republicanos señalaron que esperarán más informes de inteligencia antes de fijar una postura definitiva.
El documento deberá ahora ser remitido al Congreso estadounidense para su revisión y aprobación formal antes de su implementación definitiva, en medio de los constantes cuestionamientos sobre el equilibrio geopolítico y los riesgos de proliferación frente a los antecedentes de la región, como el programa nuclear de Irán.





