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El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) ya provocó más de 3 mil muertes, de acuerdo con los datos más recientes publicados por las autoridades sanitarias del país, mientras los esfuerzos para contener la enfermedad continúan en el noreste del territorio.
Con 3 mil 7 fallecimientos y 6 mil 186 casos confirmados, la epidemia se convirtió en la más grande y mortífera registrada en la historia de la República Democrática del Congo, al superar el brote ocurrido entre 2018 y 2020.
El actual brote es provocado por la cepa Bundibugyo del virus del ébola y fue declarado oficialmente el 15 de mayo en la provincia de Ituri. Sin embargo, algunos responsables sanitarios y especialistas consideran que la transmisión pudo haber comenzado desde enero, meses antes de que se reconociera oficialmente la epidemia.
Desde entonces, el virus se ha extendido a seis provincias pese a los esfuerzos de las autoridades congoleñas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y distintas organizaciones humanitarias para contener la transmisión.

Los datos del Instituto Nacional de Salud Pública de la República Democrática del Congo, correspondientes al 31 de agosto, establecen que la enfermedad acumula una tasa de letalidad de 48.6 por ciento. Al mismo tiempo, mil 409 pacientes han logrado recuperarse y otros 830 permanecen hospitalizados o aislados.
La respuesta sanitaria se mantiene activa en 60 zonas de salud distribuidas en seis provincias. Ituri, considerada el epicentro de la epidemia, registró 49 nuevos contagios durante las últimas 24 horas contempladas en el informe.
También permanecen afectadas Tshopo, Bas-Uélé, Haut-Uélé, Kivu del Norte y Kivu del Sur. En esta última provincia únicamente permanece activa una zona sanitaria y no se han confirmado nuevos casos durante más de 90 días.
Uno de los principales obstáculos para contener el brote es que una parte importante de las personas fallecidas no llega a recibir atención en centros especializados. La OMS estima que alrededor de 60 por ciento de las muertes ocurren fuera de los centros de tratamiento, lo que refleja las dificultades para detectar y atender a los pacientes antes de que la enfermedad avance.
La debilidad de los sistemas de vigilancia, la inseguridad en el este del país y la resistencia de algunas comunidades también han complicado las labores de prevención y atención. En determinadas zonas se han presentado dificultades para realizar pruebas a cadáveres, mientras algunos pacientes se han negado a permanecer aislados.
El Instituto Nacional de Salud Pública también reportó problemas en algunos puntos de control y entrada a las zonas afectadas, debido tanto a la inseguridad como a protestas de trabajadores que reclaman el pago de sus salarios. A esto se suma la saturación de algunos centros de tratamiento de ébola.
Uno de los mayores desafíos de la epidemia es la ausencia de vacunas y tratamientos específicamente aprobados contra la cepa Bundibugyo. Aunque existen proyectos de investigación en desarrollo, todavía se encuentran en distintas etapas de evaluación.
La OMS trabaja actualmente en dos vacunas candidatas contra esta variante, desarrolladas por equipos vinculados con la Universidad de Oxford y la Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el Sida. Ambas comenzaron ensayos clínicos de fase 1 en humanos y, hasta el momento, han mostrado resultados de seguridad favorables, aunque su desarrollo todavía podría tomar varios meses.
Mientras se desarrollan vacunas específicas, las autoridades congoleñas comenzaron una campaña de inmunización dirigida principalmente al personal sanitario que se encuentra en la primera línea de atención.

Para ello se utiliza Ervebo, una vacuna desarrollada originalmente contra la variante Zaire del virus del ébola. Aunque no fue diseñada específicamente para la cepa Bundibugyo, existen indicios obtenidos en estudios con animales de que podría ofrecer cierto nivel de protección cruzada.
El avance del brote también provocó preocupación fuera de las fronteras de la República Democrática del Congo. La enfermedad llegó a la vecina Uganda, donde la OMS declaró el pasado 26 de agosto el fin de la epidemia después de registrar 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos importados desde la RDC y dos fallecimientos.
Pese a que la situación continúa siendo grave, el brote congoleño todavía se encuentra por debajo de la epidemia de ébola que afectó a África Occidental entre 2014 y 2016. Aquella crisis dejó más de 11 mil personas muertas y alrededor de 28 mil contagios en Guinea, Liberia y Sierra Leona.
Sin embargo, la actual epidemia ya representa el segundo brote más mortífero registrado hasta ahora y el más grave en la historia de la República Democrática del Congo.
Las autoridades sanitarias y los organismos internacionales consideran que reforzar la vigilancia epidemiológica, la atención médica, el control de infecciones, la logística y la participación de las comunidades será fundamental para interrumpir las cadenas de transmisión.
Mientras continúan las investigaciones para desarrollar una vacuna específica contra Bundibugyo, la contención del brote depende principalmente de identificar rápidamente los contagios, aislar a los pacientes, rastrear sus contactos y fortalecer la respuesta sanitaria en las regiones donde el virus continúa circulando.

