🎧 Usa el reproductor para escuchar esta nota
Exclusivas MX
En el valle de San Quintín, Baja California, la producción de berries —como fresas, frambuesas, zarzamoras y arándanos— se ha convertido en uno de los motores económicos más dinámicos del noroeste de México. Sin embargo, detrás del auge exportador, persisten condiciones laborales complejas, particularmente para las mujeres, quienes representan el 57.1% de la fuerza de trabajo en la pizca.
La mayoría de estas trabajadoras son indígenas y, de acuerdo con datos citados en el reportaje original de La Jornada, el 10.9% no sabe leer ni escribir, lo que refleja un importante rezago social en el sector.
Jornadas exigentes y pago por rendimiento
Las labores comienzan desde temprano. A bordo de transporte improvisado, los jornaleros llegan a los campos donde, sin contratos formales en muchos casos, se integran a cuadrillas bajo esquemas de pago diario. La dinámica es clara: se cobra según lo recolectado.
Durante horas, las trabajadoras permanecen de pie, recolectando fruta con precisión para evitar dañarla. La frambuesa, por ejemplo, requiere un corte delicado; un error puede arruinarla y reducir el ingreso del día.
El ritmo es constante. Apenas hay pausas, salvo un breve descanso al mediodía. Las condiciones físicas del trabajo —sumadas al calor, la exposición y el esfuerzo continuo— hacen de esta actividad una de alta exigencia.
📌 Nota recomendada
![]() |
Arrecifes de Veracruz a salvo: Misión de la UNESCO descarta daños por derrame |
Un modelo agrícola orientado a la exportación
Gran parte de la producción está vinculada a empresas internacionales como Driscoll’s, que comercializa la fruta en mercados globales a través de cadenas como Walmart o Costco.
Este modelo implica que productores locales trabajen bajo lineamientos estrictos: desde el uso de ciertas plántulas hasta empaques y procesos de calidad. En muchos casos, la relación es exclusiva o en asociación con filiales como BerryMex.
Aunque el sector genera ingresos importantes, los jornaleros suelen percibir pagos cercanos al salario mínimo. En algunos casos, pueden obtener alrededor de 470 pesos diarios, dependiendo del rendimiento.
Mujeres, pieza clave en la cosecha
La alta participación femenina no es casual. La delicadeza que requiere la recolección de berries ha llevado a que se priorice la contratación de mujeres, quienes destacan por su precisión en el manejo del fruto.
Sin embargo, esto también ha derivado en una feminización del trabajo agrícola en condiciones de vulnerabilidad, donde muchas enfrentan largas jornadas, bajos ingresos y escaso acceso a derechos laborales.
A pesar de ello, miles de familias dependen de esta actividad, que continúa expandiéndose como una de las principales industrias agrícolas de exportación en México.


