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Lo que hoy es un despliegue multitudinario que atrae a millones de miradas, nació hace casi dos siglos del miedo y la esperanza. En 1833, una epidemia de cólera diezmaba a los habitantes del entonces pueblo de Iztapalapa; en su desesperación, los vecinos prometieron al Señor de la Cuevita realizar una representación anual de la Pasión si la enfermedad cesaba. Hoy, este jueves 2 de abril de 2026, la tradición no solo cumple su promesa, sino que lo hace consagrada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Jueves Santo: El inicio del drama sacro
La jornada de hoy se concentra en la Macroplaza Cuitláhuac, donde se escenifica la Última Cena, el lavatorio de pies y el arresto de Jesús. Este es el preámbulo para el Viernes Santo, el día de mayor afluencia, donde el recorrido atravesará los ocho barrios originarios —San Lucas, San Pablo, San Pedro, San José, La Asunción, Santa Bárbara, San Ignacio y San Miguel— para culminar con la crucifixión en la cima del Cerro de la Estrella.
El Sello de la Unesco: Un hito histórico
Inscrita oficialmente en la lista de la Unesco en diciembre de 2025, la Pasión de Iztapalapa fue reconocida por su capacidad de mantener la cohesión social y transmitir valores culturales a través de generaciones. El comité internacional valoró:
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Antigüedad Viva: Casi 200 años de práctica ininterrumpida.
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Autogestión Comunitaria: La organización recae totalmente en los barrios, desde la elección de actores hasta la logística.
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Resiliencia Cultural: Su adaptación a la modernidad sin perder la esencia del teatro evangelizador virreinal.
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Anuncia Clara Brugada operativo de seguridad para la representación de la Semana Santa en Iztapalapa |
Seguridad y Salvaguardia en 2026
Con el nuevo estatus internacional, la alcaldía y el Comité Organizador han implementado un Plan de Salvaguardia. Este esquema busca equilibrar la masiva afluencia de visitantes con la protección del entorno urbano y ambiental del Cerro de la Estrella, garantizando que la tradición sobreviva a los retos de la urbanización y la seguridad.
Para los habitantes de Iztapalapa, participar en el viacrucis no es solo actuar; es un compromiso físico y espiritual que inicia meses antes. El papel de Jesucristo, por ejemplo, exige una disciplina que refleja el arraigo de una comunidad que, desde aquel 1833, decidió que su cultura sería más fuerte que cualquier epidemia.



