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Exclusivas MX
El 2 de octubre de 1968 quedó marcado en la historia de México como el día en que una movilización estudiantil terminó en una violenta represión en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. A 58 años de aquellos acontecimientos, el número exacto de víctimas continúa sin establecerse de manera definitiva y la fecha permanece vinculada a las exigencias de verdad, memoria y justicia.
El movimiento estudiantil comenzó a tomar fuerza durante el verano de 1968, en un contexto internacional marcado por movilizaciones juveniles y protestas en distintos países. En México, las demandas se desarrollaron durante el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz y rápidamente trascendieron al ámbito universitario para incorporar a otros sectores de la sociedad.
Entre quienes participaron estuvieron estudiantes, profesores, trabajadores, amas de casa, intelectuales y profesionistas. El movimiento planteaba demandas relacionadas con libertades políticas y civiles, la liberación de presos políticos, la desaparición del Cuerpo de Granaderos y el deslinde de responsabilidades por la represión ejercida contra los manifestantes.

Uno de los antecedentes inmediatos ocurrió el 23 de julio de 1968, después de un enfrentamiento entre estudiantes de la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional y alumnos de la Preparatoria particular Isaac Ochoterena. La intervención de los cuerpos policiacos y posteriormente la ocupación militar de planteles incrementaron el conflicto.
Durante las semanas siguientes, las movilizaciones crecieron. El Ejército ocupó Ciudad Universitaria el 18 de septiembre y posteriormente tomó instalaciones del Instituto Politécnico Nacional, mientras las autoridades buscaban contener un movimiento que había adquirido una dimensión nacional.
Para el 2 de octubre, el Consejo Nacional de Huelga convocó a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Entre las principales demandas se encontraban la libertad de los presos políticos, la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, la desaparición del Cuerpo de Granaderos, la destitución de mandos señalados como responsables de la represión, indemnizaciones para familiares de muertos y heridos y el deslinde de responsabilidades de las autoridades.
La concentración comenzó por la tarde y, ante la presencia de las fuerzas militares, los organizadores decidieron cancelar la marcha que estaba prevista hacia el Casco de Santo Tomás. Sin embargo, alrededor de las 18:00 horas comenzaron los disparos en la plaza.
De acuerdo con documentos históricos y testimonios recopilados durante décadas, integrantes del Batallón Olimpia se encontraban entre los elementos que participaron en el operativo. La confusión y los disparos provocaron que estudiantes y civiles intentaran escapar hacia los edificios y espacios cercanos.
La represión dejó una cantidad de muertos, heridos y detenidos que nunca ha podido establecerse con absoluta precisión. El Archivo General de la Nación señala que el saldo continúa siendo desconocido y que distintas investigaciones han planteado cifras que van desde decenas hasta cientos de víctimas.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos también ha documentado el episodio como una grave violación de derechos humanos y ha señalado que la cifra de víctimas mortales continúa siendo objeto de discusión histórica.
Después de la matanza, cientos de estudiantes y participantes del movimiento fueron detenidos. Diversos dirigentes fueron trasladados al Campo Militar Número 1 y posteriormente a la cárcel de Lecumberri, mientras la movilización estudiantil perdió fuerza hasta que el Consejo Nacional de Huelga decidió levantar la huelga en noviembre de 1968.
Con el paso de los años, la consigna “2 de octubre no se olvida” se convirtió en una de las principales expresiones de memoria sobre aquellos acontecimientos. Cada año, manifestaciones recorren las calles de la Ciudad de México para recordar a las víctimas y exigir el esclarecimiento de lo ocurrido.
Los archivos oficiales también han permitido reconstruir parte de la vigilancia y las operaciones de inteligencia desplegadas durante el movimiento. El Archivo General de la Nación conserva documentos de la Dirección Federal de Seguridad y de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales relacionados con las movilizaciones y la actuación de las autoridades.
A este acervo se sumaron recientemente nuevos documentos estadounidenses. El National Security Archive publicó el 1 de octubre de 2026 un análisis de archivos desclasificados de la CIA y señaló que la agencia mantuvo operaciones dirigidas contra grupos estudiantiles de izquierda en México antes y después de la matanza.
De acuerdo con esa investigación, documentos desclasificados muestran que la estación de la CIA en México financió y mantuvo vínculos con grupos estudiantiles de derecha, entre ellos el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), en el contexto de la Guerra Fría. Los archivos también muestran que dentro de la propia agencia existieron cuestionamientos sobre las consecuencias de continuar respaldando a ese grupo.

El National Security Archive sostiene que todavía existen partes censuradas de una historia interna de tres volúmenes sobre las actividades de la estación de la CIA en México. Entre los fragmentos que permanecen ocultos se encuentran secciones relacionadas con operaciones contra grupos estudiantiles de izquierda durante el periodo previo a Tlatelolco y referencias a Miguel Nazar Haro, quien posteriormente encabezó la Dirección Federal de Seguridad.
Estos documentos aportan nuevos elementos sobre las actividades de inteligencia estadounidense y sus relaciones con actores políticos y de seguridad mexicanos durante la época, pero no permiten establecer por sí solos que la CIA haya organizado directamente la matanza de Tlatelolco. El propio National Security Archive plantea que todavía existen documentos relevantes por desclasificar y pidió a la agencia publicar una versión completa de su historia sobre las operaciones realizadas en México.
A 58 años de aquella noche, Tlatelolco continúa siendo un episodio central para entender la historia política y social de México. Los documentos, testimonios e investigaciones que han salido a la luz han permitido reconstruir distintos aspectos del movimiento de 1968, aunque persisten preguntas sobre el número exacto de víctimas, las responsabilidades individuales y el alcance de las operaciones de inteligencia que rodearon aquellos acontecimientos.
Por ello, cada 2 de octubre la frase “2 de octubre no se olvida” vuelve a las calles de México como una expresión de memoria sobre una noche que marcó a varias generaciones y que continúa formando parte del debate histórico sobre la actuación del Estado y las libertades civiles en el país.

