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Los sismos percibidos en la Ciudad de México no provienen exclusivamente de las costas o del exterior, sino que también se originan dentro de la propia capital del país, advirtió Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM.
El académico detalló que la zona poniente —específicamente demarcaciones como Mixcoac, Lomas de Plateros y Barranca del Muerto— acumula una importante actividad de sismos de baja magnitud (menores a 3 y de corta duración). Esta propensión responde a dos factores clave: el estado de las fallas geológicas locales cercanas a su reactivación debido a los esfuerzos en la Sierra de las Cruces, y el aumento desmedido de la densidad poblacional en comparación con décadas pasadas. No obstante, recordó que también se registran fenómenos similares e incluso de mayor magnitud en el oriente, hacia el Lago de Texcoco y Milpa Alta.
Diferencias geológicas y percepción de los temblores
Quintanar Robles explicó que la percepción de los movimientos telúricos varía radicalmente según la zona y la profundidad del epicentro:
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Zona poniente: Se asienta sobre las laderas de la cadena montañosa de la Sierra de las Cruces (suelo duro). Sus sismos se caracterizan por ser extremadamente superficiales —con profundidades de apenas uno a dos kilómetros—, lo que provoca que se sientan con gran intensidad y un estruendo característico a pesar de tener una magnitud baja.
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Zona oriente y lacustre: Se ubica sobre los restos de antiguos lagos. Aunque los sismos locales aquí ocurren a mayor profundidad (de 10 a 15 kilómetros), las ondas sísmicas sufren fuertes amplificaciones en el suelo blando, intensificando la percepción tanto de sismos locales como de aquellos originados en la costa.
Finalmente, el investigador señaló que los microsismos en la capital no son un fenómeno nuevo ni exclusivo de los últimos años, pues existen registros documentados de actividad similar en sectores como Mixcoac desde 1982 y 1984, confirmando que los movimientos telúricos locales han ocurrido de manera permanente a lo largo de la historia humana de la metrópoli.

