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El proceso sucesorio ocurrió en punto de las 12:28 horas, cuando Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena, anunció que Ariadna Montiel se registró como candidata única, reflejando un consenso total entre las diversas corrientes del movimiento. Tras una votación a mano alzada que no dejó lugar a dudas, la nueva lideresa rindió protesta a las 12:36 horas, marcando el fin de la gestión de Luisa María Alcalde, quien se despidió del cargo para integrarse de inmediato a la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República.
Este movimiento estratégico coloca a una de las operadoras más eficaces del “Humanismo Mexicano” al frente de la maquinaria electoral justo cuando el partido enfrenta el reto de mantener su hegemonía.
En sus primeras palabras como dirigente, Montiel Reyes lanzó un mensaje cargado de advertencias internas, asegurando que bajo su mando no habrá tolerancia para prácticas deshonestas. La sentencia de que “en Morena los corruptos no tienen cabida” no fue un comentario al aire, sino una directriz clara para quienes aspiren a una candidatura en 2027: la trayectoria deberá ser impecable.
Esta postura busca proteger la marca del partido ante los recientes señalamientos que han sacudido a algunas estructuras estatales y asegurar que el perfil de los representantes sea coherente con los principios de la llamada Cuarta Transformación.

Finalmente, la nueva presidenta nacional utilizó la tribuna para refrendar un apoyo incondicional a la mandataria Claudia Sheinbaum Pardo. Ante un auditorio volcado en aplausos, Montiel solicitó la unidad nacional frente a los desafíos que enfrenta la soberanía del país, asegurando que la presidenta “no está sola” y que con su liderazgo llegan también las mujeres, obreras y estudiantes de todo México.

