🎧 Usa el reproductor para escuchar esta nota
Exclusivas MX
En menos de dos meses, Venezuela, Colombia y Perú fueron sacudidos por fuertes terremotos de magnitud superior a 7, una sucesión de eventos que generó preocupación entre la población y llevó a preguntarse si los movimientos telúricos podrían estar relacionados entre sí.
El 24 de junio, dos terremotos consecutivos de magnitudes 7.2 y 7.5 afectaron el norte de Venezuela, con consecuencias devastadoras. Posteriormente, el 10 de agosto, un sismo de magnitud 7.4 golpeó el occidente de Colombia, mientras que el 20 de agosto otro terremoto, de magnitud 7.2, sacudió la región andina de Ayacucho, en Perú.
La cercanía temporal entre los tres acontecimientos provocó inquietud, particularmente porque se trata de países ubicados dentro de una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta. Sin embargo, especialistas consultados señalan que no existe evidencia científica que permita establecer una conexión directa entre los terremotos.
Rafael Abreu, geofísico del Centro de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos, explicó que, con el conocimiento científico disponible actualmente, no hay elementos que indiquen que uno de estos terremotos haya provocado a los demás.

La especialista Ignacia Calisto, académica del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, en Chile, coincidió en que los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú no presentan evidencia de haber estado conectados mediante una especie de efecto dominó.
Los tres países se encuentran en zonas tectónicamente activas, donde los terremotos forman parte de la dinámica habitual provocada por el movimiento constante de las placas tectónicas. Por ello, que varios eventos de gran magnitud ocurran en un periodo relativamente corto no significa necesariamente que uno sea consecuencia de otro.
Para explicar el fenómeno, Abreu utiliza la analogía de tres líneas de producción que funcionan de manera independiente y a diferentes velocidades. Cada una genera eventualmente un terremoto, por lo que puede ocurrir que los eventos se produzcan prácticamente al mismo tiempo sin que exista una relación causal entre ellos.
Las características geológicas de los terremotos también muestran importantes diferencias. Los dos sismos registrados en Venezuela ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, fueron relativamente superficiales, a unos 10 kilómetros de profundidad, y se produjeron en el margen tectónico entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana.
En Colombia y Perú, en cambio, los terremotos ocurrieron a profundidades aproximadas de 110 y 99 kilómetros, respectivamente, dentro de la zona donde la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana.
También existe una diferencia importante en la forma en que interactúan las placas. En Venezuela, el movimiento corresponde a una falla de desplazamiento horizontal, conocida como strike-slip, en la que dos bloques de roca se deslizan lateralmente en direcciones opuestas.
En el caso de Colombia y Perú, la interacción corresponde a un margen convergente. La placa oceánica de Nazca, al ser más densa que la corteza continental, se hunde por debajo de la placa Sudamericana en un proceso conocido como subducción.
De acuerdo con Calisto, los terremotos registrados recientemente en Colombia y Perú ocurrieron a profundidades cercanas o superiores a los 100 kilómetros, por lo que no se produjeron directamente en el contacto entre ambas placas, sino dentro de la propia placa de Nazca, que ya se encuentra subducida bajo el continente.
Este tipo de movimiento se conoce como terremoto intraplaca. A esas profundidades, la placa de Nazca ya se encuentra dentro del manto terrestre y puede fracturarse internamente, generando sismos que no necesariamente tienen las mismas características que los grandes terremotos producidos directamente en el límite entre dos placas.
Los terremotos intraplaca también se diferencian de algunos de los grandes terremotos ocurridos en el contacto entre placas, como los de Sumatra en 2004, Maule en Chile en 2010 y Tohoku, Japón, en 2011.
Estos últimos pueden alcanzar magnitudes extraordinarias y, cuando ocurren bajo el océano y provocan un desplazamiento vertical del fondo marino, tienen capacidad para generar tsunamis. Los terremotos intraplaca que ocurren a gran profundidad, en cambio, son demasiado profundos para producir directamente este tipo de fenómeno, aunque pueden sentirse en áreas muy extensas.
La posibilidad de que un terremoto provoque otro sí existe, pero generalmente ocurre bajo circunstancias muy específicas y, sobre todo, en zonas cercanas tanto espacial como temporalmente. El ejemplo más común son las réplicas, que aparecen después de un terremoto principal como consecuencia del reacomodo de las rocas que fueron fracturadas y desplazadas.
También existen los llamados dobletes sísmicos, en los que un primer terremoto puede contribuir a desencadenar otro, pero ambos acontecimientos ocurren normalmente en una proximidad considerablemente mayor que la observada entre Venezuela, Colombia y Perú.
Después de un gran terremoto, además, puede producirse una redistribución de esfuerzos en las zonas cercanas a la ruptura. En determinadas circunstancias, esto puede aumentar la presión sobre segmentos de una falla que ya se encontraban sometidos a tensión y modificar la posibilidad de que ocurra otro sismo.
Sin embargo, este fenómeno no significa que un terremoto ocurrido en un país pueda desencadenar, semanas después y a cientos o miles de kilómetros de distancia, otro terremoto de gran magnitud en un sistema tectónico diferente.
La reciente sucesión de terremotos en Sudamérica también debe analizarse desde una perspectiva estadística. Aunque la coincidencia temporal de varios sismos fuertes puede generar la impresión de que existe un incremento extraordinario de la actividad sísmica, los especialistas señalan que los eventos registrados se encuentran dentro de los parámetros esperados para la región.

Además de los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú, otros movimientos sísmicos registrados recientemente en América Latina incrementaron la percepción de que la actividad sísmica podría estar aumentando. Sin embargo, que varios sismos sean ampliamente difundidos no significa necesariamente que estén ocurriendo más terremotos que de costumbre.
Sudamérica es una región altamente sísmica, particularmente a lo largo de la costa del Pacífico, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. Colombia y Perú, por ejemplo, presentan una elevada actividad sísmica, aunque la cantidad de terremotos disminuye conforme aumenta su magnitud.
En Venezuela también existen terremotos recurrentes debido a la interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana, e incluso se han registrado anteriormente eventos sísmicos consecutivos o dobletes.
Los especialistas consideran que uno de los factores que ha cambiado recientemente no es necesariamente la actividad sísmica, sino la percepción pública. Los tres terremotos ocurrieron en zonas pobladas y recibieron una importante atención debido a los daños y afectaciones que provocaron, lo que puede generar la sensación de que existe una ola de terremotos.
En realidad, numerosos terremotos de gran magnitud ocurren cada año en zonas remotas y prácticamente pasan desapercibidos para la población porque no causan daños significativos. La diferencia en los casos recientes es que varios de estos eventos afectaron directamente a comunidades, provocando preocupación y una mayor atención sobre el fenómeno.
Por ello, los expertos consideran que no existe evidencia para afirmar que los terremotos de Venezuela hayan provocado los de Colombia y Perú, ni que estos últimos sean consecuencia de una desestabilización regional provocada por los primeros. Cada uno respondió a las condiciones tectónicas particulares de la zona donde ocurrió.
La coincidencia temporal puede resultar llamativa, pero desde el punto de vista científico no constituye, por sí misma, evidencia de una conexión. En una región tan sísmicamente activa como Sudamérica, la ocurrencia de varios terremotos importantes en un periodo relativamente corto forma parte de los fenómenos que estadísticamente pueden esperarse.

