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Europa occidental y central enfrenta una crisis de calor extremo con temperaturas que superan los 40 °C, provocando alertas rojas en países como Francia, España, Reino Unido, Alemania, Italia, Suiza y Luxemburgo. En Francia, la situación ha derivado en una tragedia adicional: al menos 40 personas, principalmente jóvenes, han muerto por ahogamiento al intentar refrescarse en zonas sin vigilancia desde el pasado 18 de junio.
Un “domo de calor” paraliza Europa
La causa de este fenómeno es un “domo de calor”, provocado por una masa de aire cálido proveniente del Sahara que quedó estancada sobre Europa debido a un potente sistema de alta presión, conocido como el “anticiclón africano”. Este domo actúa como una “tapa atmosférica” que impide la formación de nubes y comprime el aire contra el suelo, elevando la temperatura de manera constante, similar al efecto de una bomba de aire al ser accionada.

Cambio climático: el motor de la crisis
La comunidad científica es contundente al señalar que estos eventos no son aislados. La recurrencia, intensidad y duración de estas olas de calor son indicadores directos del cambio climático provocado por la actividad humana:
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Frecuencia aumentada: Desde 1947, Francia ha registrado 51 olas de calor, de las cuales 34 han ocurrido después del año 2000.
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Duración: Los períodos cálidos han duplicado su duración en los últimos 50 años.
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Probabilidad: El calor extremo actual es diez veces más probable hoy que hace décadas debido a la carga adicional de calor en la atmósfera.
Desafíos y advertencias futuras
El calentamiento global promedio ya es de 1,4 °C respecto a finales del siglo XIX, y las proyecciones actuales apuntan a que podría alcanzar los 3 °C para finales de siglo si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.
Expertos advierten que las infraestructuras europeas, especialmente en países como el Reino Unido o Suiza, no fueron diseñadas para estas temperaturas, lo que expone a la población a riesgos sin precedentes. La científica Friederike Otto, del Imperial College de Londres, sentenció que “el clima en el que vivimos hoy simplemente no es aquel con el que crecimos”. La comunidad científica insiste en que, mientras no se logren emisiones netas cero, las temperaturas seguirán aumentando y los récords históricos de calor continuarán rompiéndose.


