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Exclusivas MX
La urbanización desmedida y la alarmante pérdida de áreas verdes en la CDMX han transformado la capital en una gigantesca superficie impermeable, agravando drásticamente el impacto de las lluvias extremas.
Según especialistas de la Universidad Iberoamericana, la sustitución de vegetación por concreto y asfalto ha roto el ciclo natural de absorción, provocando que el agua de lluvia corra a gran velocidad hacia el drenaje en lugar de infiltrarse al subsuelo.
José Alberto Lara Pulido, académico del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad, ha señalado que este fenómeno crea un círculo vicioso: la falta de árboles eleva la temperatura urbana, lo que a su vez intensifica la evaporación y deriva en precipitaciones más violentas.
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Este exceso de volumen hídrico supera cualquier capacidad de la infraestructura gris actual; incluso si el drenaje operara al máximo de su potencial, la saturación sería inevitable debido a la nula capacidad de absorción del suelo urbanizado.
El diagnóstico es claro: la estrategia de expulsar el agua lo más rápido posible hacia el drenaje ha demostrado ser insuficiente y peligrosa. La desaparición de espacios permeables acelera el escurrimiento hacia las zonas bajas de la metrópoli, elevando el riesgo de inundaciones severas y encharcamientos constantes.

Ante esta crisis, los expertos subrayan que el camino a seguir no radica únicamente en construir más túneles o colectores, sino en un cambio de paradigma que priorice la recuperación de ecosistemas urbanos.
La propuesta central consiste en impulsar “infraestructura verde” y proteger las zonas de conservación restantes, replanteando radicalmente la relación de la ciudad con el agua para permitir que el subsuelo retome su función natural de recarga y amortiguamiento ante el creciente desafío del cambio climático.


