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En un movimiento estratégico para la seguridad nacional, las máximas autoridades de la UNAM, el IPN y la UAM cerraron filas con el Gobierno Federal para realizar un diagnóstico profundo sobre la fractura hidráulica (fracking). El objetivo: determinar si México debe explotar sus reservas de gas no convencional para reducir la dependencia del extranjero, evaluando con rigor científico los impactos sociales y ambientales.
De la dependencia a la soberanía
El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, señaló que el contexto global ha cambiado drásticamente. Mientras hace décadas la visión era comprar gas barato en el exterior, los conflictos actuales en Europa y Medio Oriente han demostrado que la dependencia energética es un riesgo para la estabilidad económica y el bienestar social de los mexicanos.
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El mandato: La UNAM participará activamente en ponderar si las tecnologías actuales permiten mitigar los riesgos ambientales de esta técnica.
Capacidad técnica y rigor científico
Cada institución aportará sus fortalezas específicas para este comité de expertos:
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IPN (Motor Técnico): El director Arturo Reyes Sandoval recordó que los ingenieros del Politécnico han diseñado la infraestructura energética del país por décadas. El IPN ya cuenta con un comité científico especializado para evaluar la tecnología de fracturación.
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UAM (Sustentabilidad): El rector Gustavo Pacheco puso a disposición la capacidad de innovación de la “Casa abierta al tiempo” para asegurar que, de realizarse, la explotación cumpla con los más estrictos estándares de eficiencia y mitigación de riesgos.
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UNAM (Visión Integral): Liderará la evaluación del “costo social” y ambiental, asegurando que no se comprometa el patrimonio natural de las comunidades.
Un cambio de paradigma
La participación de estas universidades responde a una solicitud directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien busca basar las decisiones de política energética en evidencia científica. El debate ya no es solo ambiental, sino de supervivencia económica: el gas es un insumo básico para la industria y la generación eléctrica, y México busca dejar de ser vulnerable a los precios y crisis internacionales.

